Lo que hace el alcoholismo

Relato publicado originalmente en SexoSinTabues.com por Anonimo.
Me llamo Sebastián, tengo 48 años, me gusta mucho el deporte, trabajo de vigilante de seguridad, soy argentino y hace 15 que vivo en España.
La familia de mi ex mujer viven todos en el barrio de la Zarzuela, en Torrejón de Ardoz.
Mi ex se volvió a casar, tenemos una buena relación entre todos.
Cuando bautizaron a la hija de Lorena, mi ex cuñada, me invitaron a la fiesta.
Siempre invitan muchos amigos, se come muy bien y se toma hasta demás, pero nos divertimos mucho.
Ahí me presentaron a Plinia y su hija Karen.
Plinia es algunos años mayor que yo, una mujer entrada en carnes, pero muy divertida y conversadora, su hija Karen, unos veinte años, más o menos, un chica muy retraída y callada que no se despegaba de su madre.
Eran las típicas cholas que les dicen en Perú.
Lo único que tenían en común madre e hija, que tomaban cerveza como si no hubiera mañana.
Noté que Plinia no se despegaba de mí, me preguntaba todo, donde vivía, si tenía novia, y así estábamos, Karen apenas sí hablaba.
Ya las notaba medio borrachas a las dos.
Mi ex cuñada llama a Plinia a la cocina y yo salgo a fumar, ya que ahí nadie fuma y Karen se biene conmigo.
«Se nota que le gustas a mi madre», me dijo, «y sabes una cosa?, que a mi también me gustas», me dijo y se notaba que estaba bastante mareada por la cerveza.
«En serio te gustó?», le dije agarrando una de sus manos y la acerqué a mi, y le besé la boca.
«He, que no perdieron tiempo ustedes», escucho la voz de Plinia mientras Karen y yo nos estábamos besando.
Karen miró sonriendo a su madre y se hizo a un costado y me seguí besando con Plinia.
Karen se acercó a nosotros y ahí estábamos basándonos los tres.
«Vamos a mi casa y seguimos la fiesta ahí?», les dije agarrando los culos de la madre y la hija.
«Vamos», me dijo Plinia.
Nos subimos a mi coche y nos fuimos, yo vivo a cinco minutos de la casa de mi ex cuñada.
Yo hasta empecé a dudar de que Plinia y Karen fueran madre e hija, ya que me resultaba extraño hacer un trío con la madre y con la hija juntas.
Llegamos a casa, saqué cerveza, puse música y mientras tomábamos, medio que bailabamos y nos seguíamos besando los tres.
Ellas se basaban las bocas, Plinia le sacó la camisa a su hija y entre los dos le empezamos a chupar las tetas, grandes, hermosas, bien duras.
Karen gemia y nos acariciaba la cabeza a los dos.
Mientras yo le seguía chupando las tetas a Karen, Plinia se desnudó, terminó de desnudar a su hija, y entre las dos me desnudaron a mi, empezando a chuparme la pija, se la pasaban de boca en boca, yo veía como mientras la estaban chupando se acariciaba entre ellas.
A las claras se notaba que no era la primera vez que hacían esto.
Se pusieron de pie besando sus bocas, acariciando sus cuerpos, yo las miraba en bolas en medio del salón de mi casa con la pija bien dura.
Las llevé al dormitorio donde siguieron con sus besos y sus caricias.
Plinia me acostó boca arriba y con su mano acomoda mi pija contra su concha, gimiendo y moviendo las caderas con toda mi pija dentro.
Karen, sin dejar de besar a su madre, medio se sentó en mi cara, haciendo que le chupe su concha, bien depilada y muy mojada.
Parecía una competencia de quien gimiera más.
Plinio se bajó de encima mío y se puso en medio de la cama abriendo sus piernas, su concha está tan depilada como la de su hija, Karen se puso en cuatro patas metiendo la cara entre las piernas de su madre, chupandole la concha.
Estaba con su colita bien empinada, le veía su concha y su ojete, que me llamó la atención lo abierto que lo tiene.
Me puse detrás de Karen y la empecé a coger por la concha, mientras Plinia gemia y gritaba de placer con su hija chupando su concha.
Se la saqué de la concha y se la metí por la cola a Karen, y la seguí cogiendo por el ojete.
«Por donde la tienes metida hija», le dice Plinia gimiendo como una loca.
«Me está cachando por el chiquito», le dijo a su madre con la cara toda mojada de los jugos vaginales.
«Yo también quiero, yo también quiero que me caches por el chiquito», empezó a gritar Plinia, levantando bien sus piernas, ofreciéndome la cola.
Karen se sentó en la cara de su madre, levantando bien las piernas por los tobillos, y vi que Plinia tiene un tremendo ojete abierto también.
Karen tenía los ojos cerrados de placer levantando las piernas de su madre, mientras esta le chupaba ahora la concha a su hija.
Escuché el gemido de placer que dio Plinia cuando le metí toda la pija en la cola a ella.
Mientras le cogía la cola a Plinia, Karen y yo nos besabamos la boca, yo le estrujaba sus tetas, le pellizcaba los pezones, movía mi cintura, haciendo que mi pija entre y salga del ojete de Plinia.
Karen empezó a gemir muy fuerte, le mordia los dedos de los pies a su madre, enderezo su cuerpo aplastando bien su concha contra la cara de Plinia, y me di cuenta que se estaba acabando en la boca de su madre.
Escuchaba que Plinia hacía, «mmmmm, mmmmmmmmm», y apretaba el ojete.
Pensé que Plinia se estaba ahogando, hasta que Karen se levanta de la cara de su madre y Plinia grita «que delicia», como tomando aire también.
Mientras yo le seguía cogiendo el ojete a Plinia, Karen besando mi boca, empezó a dedear la concha de Plinia.
«Sí hijita, si, mete tus dedos en mi chucha que ya llego, ya llego», gritaba Plinia, apretando su ojete y moviendo su cuerpo para los costados, abriendo.
Karen metía y sacaba los dedos de la concha de Plinia y los limpiaba con su boca y los volvía a meter.
Yo me empecé a acabar en la cola de Plinia, que parecía que me estaba meando adentro, sentía que aunque Plinia quería apretar bien el ojete, no podía de lo abierto que lo tiene.
Karen seguía metiendo y sacando los dedos de la concha de Plinia y los seguía limpiando con su boca.
Cuando saqué la pija de la cola de Plinia, Karen la agarró con su mano y la empezó a limpiar con su boca, la lamia, la chupaba, bajaba bien el prepucio y pasaba su lengua por toda la cabeza de mi pija.
«Bien limpita», me dijo Karen metiendo dos dedos en la cola de su madre, y los limpió con su boca también.
A todo esto, eran como las tres de la mañana.
«Cuando entras a trabajar?», me preguntó Plinia acostada de piernas abiertas sobre la cama.
«El lunes a la noche», le dije abrazado a Karen, acariciando sus tetas.
« Quieres que nos quedemos el fin de semana contigo, hasta mañana a la noche?», me preguntó Plinia, acostandose boca abajo y me empezó a dar besos en la pija, mientras Karen se sentó entre las piernas de su madre y le metía el dedo en la cola como quién mete el dedo en un tarro de dule y lo limpia con su boca.

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